Posteado por: tetisheri | 8 julio, 2015

Preguntas

“¿Cómo se encuentra hoy?” “¿Qué le duele?” “¿Desde cuándo?” “¿A qué lo atribuye?” “¿Con qué se alivia ese dolor?”

A los médicos nos encanta preguntar. Indagamos continuamente. Lanzamos cuestiones… esperamos respuestas. Opinamos en voz alta. Analizamos. Intervenimos. “Usted no tiene ninguna enfermedad, señora. Lo que tiene son problemas”. Escuchamos parcialmente. Regalamos consejos.

Nuestra consulta es el territorio sagrado por excelencia. El recinto de confianza y de confidencialidad. “No se preocupe, caballero. Lo que me cuente aquí, se queda aquí”.  Ay, si las paredes hablaran.

Más allá de la consulta (o mejor dicho: más acá), está ese espacio invisible que nos separa del paciente. La distancia terapéutica tantas veces profanada. El punto donde contactan tu círculo vital y el mío.

Por suerte llevamos bata. La armadura blanca que protege, resguarda y amortigua. El chubasquero que nos ponemos de ocho a tres, haga frío, calor, llueva o truene. “Señorita, cuando la veo así sin bata parece que no estoy en el médico”.

Ser médico cansa. E ilusiona, motiva, sensibiliza, enriquece, sí… pero agota.
Se trata de una profesión que te enfrenta a decenas de personas cada día, con sus preocupaciones y acontecimientos vitales estresantes, su patología aguda y crónica, sus banalidades y sus urgencias. Te inunda de historias, dudas, revisiones, temores y realidades. Te enseña que lo más preciado es la SALUD, y que ésta es tan inespecífica, tan abstracta, tan inabarcable, que está al alcance de pocos. “-¿Cómo está hoy, Francisco? -No estamos mal, doctora.” “- Adelante, Rosa. Buenos días. -Serán buenos para usted, señorita.”

Con todo ello, nunca se completa uno como médico, porque no dejamos de aprender y cometer errores; porque cada acto clínico es irrepetible y cada paciente es único.

… … …
La dra tetisheri ya es especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Con su primer contrato de verano trabajará en pueblecitos donde los pacientes esperan pacientemente, donde es “la médica”, “la sustituta”.

Lleva meses pensando en cómo dar las GRACIAS a los que la han acompañado durante estos cuatro años de formación. Tiene una brújula para no perderse, una mochila de lunares cargada de todo lo aprendido junto a su tutora y un maletín que huele a futuro.

Pacta sus puntos finales, se inventa puntos y aparte y se empeña en los puntos suspensivos. Escribe aunque no publica, porque a veces falta papel y porque las cartas son para ti.

Ha sufrido la “pena negra”… esa nostalgia infantil y contagiosa que nace de las experiencias inolvidables y los viajes kilométricos. Ha descubierto que la migraña se cura con ataques de risa, que no hay nada como el helado de vainilla con nueces de macadamia, y que si Dios existe, habita en el Perú.

Ha necesitado tiempo para pararse a responder las dichosas preguntas: “¿qué te duele?, ¿con qué se alivia?”. Ha visto que todos a su alrededor buscan ser felices aunque nadie sabe ni cómo, ni cuándo, ni con quién.

Duerme poco, sueña con un príncipe azul y le van los superhéroes. Se levanta antes que el sol para cruzar el altiplano. Por la mañana es médico rural y por la tarde se siente estudiante de primer curso.

La dra tetisheri mira hacia delante satisfecha por el camino recorrido. Confía y se siente bendecida. Por lo general se quita la bata. Si te pregunta “¿cómo estás?”, permanecerá atenta esperando tu respuesta.

Gracias por todo a todos.

Salud y mucha Paz.

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Responses

  1. Qué suerte tienen en el altiplano de contar con una médica como tú.


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