Posteado por: tetisheri | 9 febrero, 2015

Equivocarse, del verbo Aprender

Mi vida está llena de errores…

Desde el triple salto sobre hojarasca que acabó en esguince de tobillo, hasta el atajo por un carril en dirección prohibida que me llevó a hacerle pucheros al policía que me multó. También me partí el labio después de entrar corriendo en un cuarto a oscuras, tuve una infección en el piercing de la nariz y alquilé una casa sin calefacción. Errar es humano (y dicen que inevitable).

Jugamos con la incertidumbre. Convivimos con la duda. ¿En el centro o en la periferia? ¿Android o Apple? ¿Gasolina o diesel? ¿En cucurucho o en tarrina? ¿Pelo suelto o coleta? ¿Cuello vuelto o escote? ¿Lunares o rayas? Lunares.

Elijo… y me equivoco. No es sencillo inventarse a una misma. No es fácil encontrar el equilibrio entre ser impulsiva y reflexiva.

Pero lo que duele es salpicar a otros con nuestras decisiones. Lo que frustra es la falta de certezas. Lo que desespera es pensar que podrías haberlo evitado. Lo que entristece es perder la confianza de la otra persona.

¿Observación en casa o traslado al hospital? ¿Prioridad normal o urgente? ¿Alta o ingreso? ¿Típico o atípico? ¿Pregunto al adjunto o me dejo llevar por mi intuición? ¿Hago caso a los resultados de las pruebas o me guío por la clínica? ¿Es culpa mía o del sistema?

No estamos acostumbrados al fracaso. No nos han enseñado a reconocer nuestros errores. Lo que nos gusta es acertar. “Lo sabía, sabía que sería un caso de…”. “Ya dije yo que tenía…”. Lo que nos motiva es ser directores de orquesta. “Le voy a hacer…”. “Déjeme que le explique…”. “Se va usted a tomar…”. Pocas veces decimos “me he equivocado”. Cuánto nos cuesta pronunciar “lo siento”.  Lo siento.       

Y, ¡sorpresa!, en ocasiones las cosas no salen como esperábamos. La vida es así de sorprendente y de insoportable.

A veces tu “error”/tu “pasado”/tu “presente” se planta ante ti y te baja del pedestal. Te derriba y arrebata esa hermosa coraza de tecnicismos, experiencia, profesionalidad. En ese momento tiemblas, desnuda, y no encuentras valor para mirar a los ojos del otro. Ahí es cuando te quedas sin recursos y se entrecorta la voz. Todo es más espeso, más intenso, más gris. Deseas escapar, salir, marcar distancias, huir. Sabes que tienes que estar pero sueñas con desaparecer. Ése es el instante para quitarse el fonendo, las gafas, los zapatos… para tocar, sentir y decirlo todo… aunque luego seas incapaz de recordarlo.

Hay puertas que nunca terminan de cerrarse. Hay heridas que cicatrizan tan mal que forman queloides. Queloides que al principio duelen y avergüenzan, pero que con el tiempo no son más que el recuerdo del paso del tiempo y la experiencia. Como las velas que los médicos orientales prendían en sus ventanas… una vela por cada uno de sus pacientes fallecidos.

Por la longitudinalidad. Por los errores y las fantasías de error.

Salud y mucha Paz.

#siap2015

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Responses

  1. Genial!Gracias por compartir estos pensamientos. Me he sentido identificada en muchas de tus palabras. Un abrazo, Ana

  2. supongo que lo has visto; pero por si acaso te interesa..

  3. perdón el enlace..http://www.ted.com/talks/brian_goldman_doctors_make_mistakes_can_we_talk_about_that

    • Muchas gracias, Alberto. ¡No lo había visto! ^^

  4. Hola, soy un anestesista (tb medico de familia) muchas gracias por tus escritos, llenos de frescura y sensibilidad.
    Me llegó el último a través de las reflexiones que nos enviaba un sindicato medico en Valencia (SIMAP) y los he leído todos.
    Me has recordado un poco por qué hicimos medicina y las vivencias que hemos tenido (todos?) de residente, doblemente en mi caso.
    Me encanta la defensa, plenamente justificada, que haces de la medicina de familia. A mi también me molesta cuando otros compañeros la denostan o minusvaloran, espero que desde el desconocimiento, de la inmensa labor que hacen, hacéis, los médicos de familia.
    Mucho ánimo y mucha suerte en tu nueva etapa de responsabilidad.
    Andrés

    • Lo que a mí me encanta es que mis parrafitos lleguen a personas como tú.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.


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